Hablamos continuamente de las barreras que tienen que enfrentar las personas con discapacidad. A los problemas de movilidad se suma la falta de accesibilidad en el proceso de obtención del permiso de conducción. Personas con necesidades específicas de aprendizaje, como la dislexia, el desconocimiento del idioma y las personas con discapacidad sensorial, motora o intelectual, sufren un extra de dificultades para alcanzar la igualdad en las pruebas.
A estas limitaciones se añaden las barreras físicas y técnicas que muchas personas con discapacidad y acondroplasia encuentran al utilizar un vehículo convencional. La adaptación de los mandos, pedales, asientos y sistemas de seguridad no siempre está disponible ni resulta asequible económicamente, lo que retrasa o incluso impide el acceso a una conducción autónoma. Además, la oferta de vehículos adaptados es limitada y, en muchos casos, requiere modificaciones personalizadas que incrementan significativamente el coste.
También existen dificultades durante la formación práctica, ya que no todas las autoescuelas disponen de vehículos adaptados ni de personal especializado para atender las necesidades específicas de estas personas. A ello se suma la falta de información clara sobre los requisitos médicos, las adaptaciones permitidas y los procedimientos administrativos, lo que genera incertidumbre y prolonga el proceso.
Es en este punto donde la DGT implementó su sistema de acceso poniendo en marcha los primeros exámenes teóricos en las aulas informatizadas de la DGT. Esto ocurrió en septiembre de 2024 a través de la adaptación a Lectura Fácil de una parte importante de las preguntas del examen teórico del permiso B, 4.500 en total. Desde esta fecha y hasta el 31 de enero de 2025 se realizaron 1.663 exámenes de este tipo en los cuales 403 personas fueron declaradas aptas.
Bien, ahora imagínese que efectivamente ha superado el examen práctico y ya dispone de su permiso de conducción. Con el objetivo de mejorar la seguridad y minimizar el riesgo de accidentes en la carretera, la DGT impone la baliza V-16 como la herramienta y el método más seguro para señalar una avería o un siniestro del vehículo. El funcionamiento parece sencillo, la baliza debe situarse en el punto más alto del techo del coche.
Lejos de garantizar el bienestar y seguridad de las personas con discapacidad, desde el pasado 1 de enero, se añade una nueva barrera: para las personas con movilidad reducida, en silla de ruedas o con acondroplasia, pueden tener dificultades para acceder a la parte más alta del vehículo inmovilizado.
Ante esta situación, la DGT informa que, en caso de no poder acceder a la zona superior del vehículo, la baliza V-16 puede situarse en la puerta del conductor para no incurrir en un posible incumplimiento de la norma general.
Este criterio no es un detalle menor, sino una medida clave para garantizar la seguridad y la igualdad en situaciones de emergencia. Permitir que la baliza pueda colocarse en la puerta del conductor evita que muchas personas con discapacidad tengan que abandonar el vehículo, realizar esfuerzos que superan sus capacidades físicas o exponerse a un riesgo añadido en la calzada.
La accesibilidad en la movilidad no termina con la obtención del permiso de conducción ni con la adaptación del vehículo. También implica que las normas y los sistemas de seguridad contemplen la diversidad de las personas usuarias y sus distintas realidades. Soluciones como la ubicación alternativa de la baliza V-16 contribuyen a eliminar barreras y a hacer de la carretera un entorno más inclusivo y seguro para todos.
Porque avanzar en seguridad vial también significa garantizar que cualquier persona, independientemente de su discapacidad, pueda actuar con rapidez, autonomía y sin asumir riesgos innecesarios ante una avería o un accidente. La posibilidad de colocar la baliza V-16 en la puerta del conductor es, en este sentido, un paso necesario hacia una movilidad verdaderamente accesible.


