Las mujeres en situación de vulnerabilidad señalan el empleo y el apoyo psicológico como las dos grandes palancas para salir adelante, sin embargo, solo el 30% confía en encontrar un trabajo sostenible en 2026.
El Informe ‘Empleo para todas: la mujer en riesgo de exclusión en el mercado laboral’ ofrece una fotografía de las barreras que afrontan las mujeres en situación de vulnerabilidad en su relación con el mercado laboral, reconociendo que estas dificultades se manifiestan de forma diversa según las circunstancias personales y vitales de cada una.
En total, han participado en este informe 450 mujeres de diferentes grupos: con discapacidad, mayores de 45 años desempleadas de larga duración, con responsabilidades familiares no compartidas (monoparentalidad) y/o víctimas de violencia de género. Esta situación de vulnerabilidad que enfrentan, las hace más propicias a sufrir exclusión social.
De este estudio, se extrae que el empleo es el principal factor de inclusión social, mencionado por el 95% de las mujeres encuestadas. Este resultado refleja el carácter transversal del trabajo como palanca de inclusión, al favorecer la autonomía económica, reforzar la autoestima, mejorar la estabilidad y ampliar las redes sociales y profesionales. En segundo lugar, el 55% de las mujeres señala el apoyo psicológico como un recurso clave. Este apoyo se valora especialmente por su contribución a la recuperación del equilibrio emocional, al fortalecimiento de la autoestima y a la mejora del bienestar general, aspectos que inciden de manera directa en la capacidad de tomar decisiones y participar activamente en la vida social.
Se incluyen en este ranking de factores de inclusión social según las mujeres, el acceso a una vivienda digna, la formación para mejorar la autonomía y la empleabilidad, y el fortalecimiento de las redes sociales y de apoyo.
Sin embargo, aunque destacan el empleo como principal palanca de inclusión, las expectativas laborales son notablemente bajas: solo el 30% considera que encontrará un empleo sostenible a lo largo del presente año, lo que refleja un escenario generalizado de incertidumbre y bajas expectativas laborales.
Esta baja confianza laboral conlleva dificultades económicas que incrementan el riesgo de pobreza y exclusión social, y una mayor exposición a problemas de salud mental que configura un círculo de vulnerabilidad difícil de revertir.
Baja intensidad laboral
La intensidad laboral mide el período de tiempo trabajado, que entre las mujeres encuestadas asciende a solo un 20%, es decir, reconocen que han trabajado menos de 5 meses en los dos últimos años.
Analizando cada grupo de mujeres participantes, en el caso de las mujeres con discapacidad, la baja intensidad laboral responde a la escasez de oportunidades profesionales compatibles con sus necesidades. A pesar de que muchas cuentan con capacidades y motivación para trabajar, factores como la persistencia de prejuicios sociales, la ausencia de conocimiento y/o falta de hoja de ruta para afrontar la búsqueda de trabajo, dan lugar a trayectorias laborales fragmentadas.
Entre los prejuicios y estereotipos, destacan las dudas sobre su productividad, su capacidad de adaptación o la posibilidad de un mayor absentismo laboral.
En cuanto a las mujeres mayores de 45 años, está estrechamente vinculada a las dificultades de reincorporación al mercado de trabajo tras períodos de desempleo prolongado. La rápida transformación de los perfiles demandados, junto con la persistencia de prejuicios y estereotipos que asocian a las personas sénior con obsolescencia, favorecen procesos de desconexión con el empleo.
Los efectos del desempleo en la salud
El desempleo tiene un impacto negativo en la salud mental de cualquier persona al generar incertidumbre, estrés y pérdida de autoestima. Sin embargo, este impacto es especialmente intenso en las mujeres en situación de vulnerabilidad, ya que a la falta de empleo se suman otras barreras previas que amplifican el desgaste emocional. Un 80% de las mujeres encuestadas reconocen que el desempleo ha afectado a su salud mental.
Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco, concluye que las empresas han de integrar de forma decidida estrategias de diversidad, equidad e inclusión que eliminen barreras en el acceso, la permanencia y la promoción del talento femenino; y el tejido asociativo debe seguir desempeñando un papel esencial de acompañamiento desde la cercanía, ofreciendo apoyo personalizado, continuidad en los itinerarios y una atención integral que facilite una inclusión laboral real y sostenible”.
El informe ha sido elaborado por el Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco, con motivo del Día Internacional de la mujer que se celebra el 8 de marzo.


